Investigadores de EEUU han utilizado células madre creadas a partir de pacientes con un tipo muy raro de ELA, más prevalente en Brasil, para atacar un gen clave en la respuesta al estrés y revertir en el laboratorio el daño sufrido por las neuronas motor
La esclerosis lateral amiotrófica (ELA), también conocida como enfermedad de Lou Gehrig, sigue siendo una de las enfermedades neurodegenerativas más devastadoras y misteriosas. Sin cura y con opciones terapéuticas limitadas, la ELA destruye progresivamente las neuronas motoras responsables del movimiento voluntario y la respiración. Muchos ensayos clínicos, incluso con fármacos prometedores, han fracasado en los últimos años debido a la gran variabilidad de la enfermedad y la diferente respuesta de los pacientes a los tratamientos.
Pero un nuevo estudio liderado por la genetista Helen Cristina Miranda en la Universidad Case Western Reserve (Estados Unidos) ofrece un rayo de esperanza. Por primera vez, un equipo científico ha conseguido revertir en laboratorio el daño neuronal provocado por una rara forma hereditaria de ELA, utilizando células madre derivadas de pacientes humanos para bloquear una respuesta de estrés celular que desencadena la degeneración neuronal.
Los resultados, publicados este martes en la revista EMBO Molecular Medicine, podrían allanar el camino hacia nuevos tratamientos no solo para esta variante genética, sino para formas más comunes de la enfermedad.
Células madre y genética para apagar el estrés celular
El trabajo se ha centrado en una mutación del gen VAPB, que codifica una proteína clave para la comunicación interna de las células, especialmente entre el retículo endoplásmico —el "centro de control de calidad" celular— y las mitocondrias —las fábricas de energía de la célula—. Cuando esa comunicación falla, se activa crónicamente un mecanismo de defensa conocido como respuesta integrada al estrés (ISR, por sus siglas en inglés).
“Al principio, el ISR intenta proteger la célula, pero cuando se mantiene en el tiempo, reduce la producción de proteínas y afecta la supervivencia celular, dañando las motoneuronas”, explica Miranda, profesora asociada de genética en Case Western Reserve. Su equipo bloqueó farmacológicamente esa respuesta de estrés en las neuronas cultivadas y logró revertir el daño, un hallazgo que consideran un “prueba de concepto prometedora” para futuras estrategias terapéuticas.
Un modelo con células madre humanas
La clave del estudio ha sido el uso de células madre pluripotentes inducidas (iPSC), reprogramadas a partir de piel o sangre de pacientes con ELA. Estas células permiten generar neuronas motoras reales en laboratorio, lo que ofrece un modelo humano muy valioso para investigar la enfermedad.
Aunque el tipo de ELA estudiado es extremadamente raro y más frecuente en Brasil, los investigadores creen que su estudio ofrece “una ventana a cómo responden las motoneuronas al estrés” y podría tener implicaciones más amplias. De hecho, ya están probando inhibidores del ISR en modelos neuromusculares más complejos y estudiando si este enfoque podría beneficiar a otros subtipos de ELA, incluidos los esporádicos.
¿Una puerta a ensayos clínicos personalizados?
Hoy en día, los tratamientos disponibles para la ELA en Estados Unidos apenas logran ralentizar la progresión de la enfermedad o aliviar ciertos síntomas. No existe ningún fármaco capaz de detener o revertir su avance. Por eso, el hallazgo del equipo de Miranda es especialmente alentador.
“Este trabajo podría ayudar a sentar las bases de ensayos clínicos informados genéticamente”, afirma la investigadora. Si las próximas fases confirman los resultados, el bloqueo del ISR podría convertirse en un nuevo objetivo terapéutico, abriendo la puerta a tratamientos más precisos y personalizados.
Por su parte, Adolfo López de Munain Arregui, jefe clínico de Neurología del Hospital Universitario de Donostia y director científico del CIBERNED, aplaude este estudio. El experto español, que no ha participado en el mismo, señala en declaraciones a la agencia SMC que "este hallazgo abre la puerta a desarrollar fármacos con esta diana y también a intentar analizar en contexto clínico cual es el peso de este mecanismo en casos de ELAs esporádicas de cara a estratificar los pacientes en los ensayos. Desgraciadamente, en la ELA esporádica confluyen diversos mecanismos y desconocemos el peso individual de cada uno de ellos y su secuencia cronológica en pacientes concretos, lo que dificulta el poder establecer un plan terapéutico adaptado al contexto real de cada paciente. Para avanzar en la medicina de precisión de la ELA debemos poder ponderar mediante biomarcadores vinculados a cada mecanismo la situación real de cada paciente”.
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